
La Doncella de Hierro suena en mi equipo de sonido, mientras unas nubes ocres se dedican al crepúsculo bogotano de la fecha, para cumplir su tarea asignada por el IDEAM (anagrama del ¿extinto? IDEMA). Como "Amansar una Tierra" podría traducirse el título de la canción de 7'25'', incluída en el excelentísmo álbum Piece of Mind (jueguito de palabras con la expresión Peace of Mind: Una cosa es la paz interior; y otra es un pedazo de mente). Me remonta a 1986, grado once, Externado Nacional Camilo Torres, Juan Carlos Mancera, mi mejor enemigo, mi compinche de Metal y gaminerías, mi competencia en el primer puesto en la clase de inglés, mi copupilo más feo. 1986 fue el año en el que le vendí mi alma al Metal, y me dediqué a explorar sus sonidos. No soy metalero de chaqueta de cuero negro y taches, ni de los que hacen head-banging... pero sí le jalo a la air guitar. Mientras la compleja canción transcurre, la nube que ocultaba al sol, en su enésimo ocaso, cede y le da paso para que me ciegue a sus anchas. Y la letra de la canción tiene que ver todo con este clima de sol ceniciento que te invita al éxodo hacia el fin del mundo... inexistente punto geográfico, ya que el mundo es una bola, como reza la tonta retahíla. El ánimo en el que ando no me da la energía suficiente ni para el cabeceo metalero, ni para la guitarra imaginaria. Digito caracteres sólo por terapia ocupacional. Se suponía que debería estar, en este momento, en Cartagena, de la mano de mi novia... pero un contrato "artísico" de última hora se me cruzó en el camino... y debo llevarlo a cabo el sábado. Necesito el dinero para, en el futuro, tener algo más que lunasdemiel con la mentada mujer.
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Cinco horas después de haber escrito los tres asteriscos esos, me hallo ahora, dándole la espalda, en el tiempo y en el espacio, a la nube kitsch que me puso a escribir lo anterior. Ya no hay música, ya no hay sol; solamente la noche y sus ruidillos. Estuve bebiéndome un par de cervezas, en compañía de www.twitter.com/klovn y www.twitter.com/vargasvargas: dos buenos seres humanos como de siglo XIX, quienes me ayudaron a diluir la leve depre del éter verde de Cereté que padezco desde hace 16 años, cuando me dieron el diploma oficial en maníaco-depresión. Tiempo después, la facultad de desórdenes mentales cambió el pénsum; y ahora la profesión se llama trastorno-afectivo-bipolar. Soy uno de millones de seres humanos que, a veces, se sienten mal... y, a veces, se sienten bien. La peculiaridad de mi club es que eso sucede aleatoriamente y en extremos CASI inmanejables. En ello ando (en lo del manejo responsable del tema) desde septiembre de 2004. La mejor manera de salir de allí es dejar de pensar... y dejar de pensar que uno piensa. El que piensa es el cerebro, el cual, como diría "gringo viejo" Ambrose Bierce, en su Diccionario del Diablo, es un "órgano que se usa para pensar que pensamos". Fin. Comienzo. Etc.
